Ascension

La Ascensión — Meditación para Jóvenes
Fiesta de la Ascensión · 17 de mayo 2026

La
Ascensión

Una meditación ignaciana para jóvenes

Escuchá la canción
Bajá

Escuchala y sentila

Dos versiones para que elijas cómo encontrarte hoy con esta celebración.

Versión corta · 29 seg
Un momento, una luz
Para cuando tenés poco tiempo pero querés conectar igual.

¿Te gustó? Hay mucho más en el canal.

▶ Ver el canal
Versión completa · 2 min 44 seg
La canción entera
Para quedarte, para orar, para cantar solo o con otros.

Versión completa

«Esta mañana el cielo se abrió.
No importa cómo fue tu mañana.
El cielo se abrió igual.»

Introducción · Toma de conciencia
Cerrá los ojos.
Respirá despacio.

Dejá que el ruido del día se vaya acomodando afuera. No lo estás apagando. Solo lo estás poniendo a un costado por unos minutos.

Estás acá. En este momento. Y eso ya es suficiente.

Primer movimiento
El cielo se abrió
«Esta mañana el cielo se abrió.»

Pensá en esta mañana. La tuya. La de hoy. ¿Cómo fue? ¿Apurada? ¿Con el celular en la mano antes de levantarte? ¿Con frío? ¿Con ganas?

No importa cómo fue. El cielo se abrió igual.

Eso es lo que nos dice la Ascensión: hay una dimensión de la realidad que no depende de cómo nos levantamos. Una presencia que no se cansa, que no se distrae, que no se va aunque nosotros no la veamos.

¿Hubo algún momento hoy, aunque sea pequeño, donde sentiste que algo más grande que vos te estaba sosteniendo?

Quedáte con eso un momento.

Segundo movimiento
No se fue para abandonarnos

Hay algo que nos cuesta entender de la Ascensión. Jesucristo sube al cielo… y eso se festeja. ¿Por qué festejar una despedida?

«No se fue para abandonarnos,
subió para hacernos lugar.»

San Ignacio nos enseñaba a contemplar las escenas del Evangelio como si estuviéramos ahí. Entonces: cerrá los ojos un momento.

Estás en el Monte de los Olivos. Es de mañana. El aire es fresco. Los discípulos están ahí, mirando hacia arriba, con la boca abierta, sin entender del todo. Y Él sube. Despacio. Entre nubes. Y en un momento… ya no se ve.

¿Qué sentirías vos en ese momento? ¿Miedo? ¿Asombro? ¿Tristeza? ¿Algo de los tres?

Los discípulos también sintieron todo eso. Y sin embargo, el Evangelio dice que volvieron a Jerusalén con alegría. Porque entendieron algo que nosotros también necesitamos entender:

Cuando Dios parece irse, muchas veces
es porque está haciendo lugar
para algo más grande.

¿Hay alguna situación en tu vida donde sentís que Dios se fue, que no aparece, que el silencio es demasiado largo? Nombrala en silencio. Sin apuro. Ahora ofrecésela. Como los discípulos que miraban hacia arriba.

Tercer movimiento
Somos jóvenes, somos tuyos
«Somos jóvenes, somos tuyos,
y el mundo nos necesitá.»

Esto no es un slogan. Es una vocación.

San Ignacio pasó mucho tiempo preguntándose para qué había nacido. Qué hacer con su vida. A quién servir. Y en ese proceso, en esa búsqueda larga y a veces dolorosa, fue encontrando que la pregunta no era tanto qué hacer sino desde dónde hacerlo.

Hacerlo desde el amor. Desde una pertenencia real. Somos tuyos. Eso va primero. Después viene el resto.

Ejercicio ignaciano — Las dos imágenes

Imaginá dos escenas de tu vida cotidiana. En la primera: sos vos buscando reconocimiento, con miedo a quedar afuera, comparándote. En la segunda: sos vos actuando desde lo más profundo de lo que sos. Sin miedo al juicio. Sirviendo sin calcular.

¿Cuál de las dos te da más paz? ¿Cuál de las dos te cansa más?

Cuarto movimiento
Una luz que no se apaga
«No sabemos a dónde va el tiempo,
ni qué nombre tendrá el mañana,
pero hay algo que guardamos adentro:
una luz que no se nos apaga.»

Ser joven hoy no es fácil. Hay mucha incertidumbre. Mucho ruido. Muchas versiones de quién deberías ser. Y a veces la fe parece chica al lado de todo eso.

Pero la Ascensión nos dice exactamente esto: Él no nos dejó solos. Nos dejó con algo adentro.

Ese algo es el Espíritu. Esa llama que a veces no la sentís, pero está. Que a veces parpadea, pero no se apaga.

Momento de silencio · 60 segundos
Solo respirá.
Y si querés, repetí muy despacio, para adentro:

«Hay una luz en mí que no se apaga.»

Una vez. Otra vez. Una más.
Cierre · Coloquio ignaciano
Hablale como a un amigo

Como hacía San Ignacio al final de cada oración: hablá con Jesús. Como un amigo habla con un amigo. No hace falta que sea perfecto. No hace falta que sea largo.

Una oración simple
«No entiendo todo. Pero estoy acá.
Subiste al cielo, pero te quedaste en mi amor.
Ayudame a creerlo cuando no lo sienta.»

Y después: un minuto de silencio real. Sin apuro.

Para llevar
Tres preguntas antes de abrir los ojos

1. ¿Qué momento de hoy quiero ofrecerle a Dios?

2. ¿Qué quiero pedirle para mañana?

3. ¿Qué pequeña cosa concreta puedo hacer esta semana como respuesta a lo que sentí hoy?

No las respondas en voz alta. Guardalas adentro. Como esa luz que no se apaga.

Abrí los ojos despacio.
El día sigue.
Pero algo cambió un poquito adentro.
Eso es suficiente.

¿Te resonó esta meditación?

Cada semana subimos nuevos contenidos para nutrir tu fe. Suscribite y no te pierdas nada.

Suscribirme al canal

¿Tenés solo dos minutos?

Esta versión corta está pensada para momentos en movimiento. En el bondi, entre clases, antes de dormir. Lo esencial, condensado.

Versión dos minutos

Para leer despacio, en voz pausada.

Cerrá los ojos. Respirá.

Esta mañana el cielo se abrió.
No importa cómo fue tu mañana.
El cielo se abrió igual.

La Ascensión no es una despedida. Es una promesa. Él subió para hacernos lugar. Y antes de irse, dejó algo adentro nuestro: una luz que no se apaga.

Pensá en un momento de esta semana donde te sentiste solo, perdido, o sin respuestas. Nombralo en silencio. Ahora ofrecéselo. Sin explicarlo. Solo ofrecéselo.

«Somos jóvenes, somos tuyos.»

Eso va primero. Antes que los planes, antes que los miedos, antes que las dudas. Somos tuyos.

Repetí para adentro, una sola vez:

«Hay una luz en mí
que no se apaga.»

Ahora hablale como a un amigo. Decile una cosa. Solo una. Lo que tengas. Lo que puedas.

— silencio —
Abrí los ojos.
Llevá esa luz con vos.
No se apaga.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *