Padre Nuestro — Meditación para Jóvenes
La Oración que Cristo nos Enseñó

Padre Nuestro

Una meditación ignaciana para jóvenes

Escuchá la canción
Bajá

Reflexión y oración · Las meditaciones

Elegí el formato según el momento, sólo o en grupo.

5 minutos tuyos

«Vas a pasar los próximos minutos con Jesús.
No hace falta que digas nada todavía.
Solo respirá.»

Antes de empezar… acomodate.
Buscá una posición cómoda.
Si querés, cerrá los ojos.
Cerrá los ojos.
Respirá despacio.

Imaginate un atardecer en Galilea.
El aire todavía está tibio.
Hay polvo en el camino, olor a tierra seca.

Estás acá. En este momento.
Y eso ya es suficiente.

Primer movimiento
El cielo se abrió
«Esta mañana el cielo se abrió.»

Jesús está sentado, un poco alejado del grupo, en silencio.
Uno de los discípulos se anima y se acerca:
«Señor… enseñanos a rezar.»

Acercate vos también.
No te quedes mirando de lejos.

Jesús empieza a hablar, despacio:
«Cuando recen, no hablen mucho…
el Padre ya sabe lo que necesitan,
antes de que se lo pidan.»

¿Qué es lo que más necesitás hoy?

«Padre nuestro, que estás en el cielo…
santificado sea tu nombre,
venga tu Reino…
Danos hoy nuestro pan de cada día…»

«Perdona nuestras ofensas,
como nosotros perdonamos…»

Pensá en alguien.
Alguien que te lastimó, o alguien a quien lastimaste vos.
¿Podés, aunque sea hoy, empezar a soltar eso?

Segundo movimiento
Decile lo que necesitas

Hablale a Jesús, así, como le hablarías a un amigo de verdad.
Decile lo que te está pasando.
Decile lo que necesitás hoy, de verdad.

«no digas muchas palabras,
acercate y confia»

San Ignacio nos enseñaba a contemplar las escenas del Evangelio como si estuviéramos ahí. Entonces: cerrá los ojos un momento.

No se trata de decir muchas palabras.
Se trata de animarte a acercarte,
de confiar,
y de soltar lo que cargás.
El Padre te está esperando.
Hoy.
Ahora.

¿Qué sentirías vos en ese momento? ¿Miedo? ¿Asombro? ¿Tristeza? ¿Algo de los tres?

Los discípulos también sintieron todo eso. Y sin embargo, el Evangelio dice que volvieron a Jerusalén con alegría. Porque entendieron algo que nosotros también necesitamos entender:

Cuando Dios parece irse, muchas veces
es porque está haciendo lugar
para algo más grande.

¿Hay alguna situación en tu vida donde sentís que Dios se fue, que no aparece, que el silencio es demasiado largo? Nombrala en silencio. Sin apuro. Ahora ofrecésela. Como los discípulos que miraban hacia arriba.

Cierre · Coloquio ignaciano
Hablale como a un amigo

Como hacía San Ignacio al final de cada oración: hablá con Jesús. Como un amigo habla con un amigo. No hace falta que sea perfecto. No hace falta que sea largo.

Una oración simple
«Y ahora, juntos, llevemos esto a una oración. No hacen falta mil palabras. Solo el corazón, abierto..»

Y después: un minuto de silencio real. Sin apuro.

Para llevar
Tres preguntas antes de abrir los ojos

1. ¿Qué momento de hoy quiero ofrecerle a Dios?

2. ¿Qué quiero pedirle para mañana?

3. ¿Qué pequeña cosa concreta puedo hacer esta semana como respuesta a lo que sentí hoy?

No las respondas en voz alta. Guardalas adentro. Como esa luz que no se apaga.

Abrí los ojos despacio.
El día sigue.
Pero algo cambió un poquito adentro.
Eso es suficiente.

¿Preferís algo más corto para hoy?

¿Te resonó esta meditación?

Cada semana subimos nuevos contenidos para nutrir tu fe. Suscribite y no te pierdas nada.

Suscribirme al canal

¿Tenés más tiempo para quedarte?

¿Tenés solo dos minutos?

Esta versión corta está pensada para momentos en movimiento. En el bondi, entre clases, antes de dormir. Lo esencial, condensado.

Un momento para vos

Escuchá la canción primero. Dejá que entre. Después, seguí leyendo despacio.

Acomodate. Si querés, cerrá los ojos.
Vas a pasar este minuto con Jesús.

Imaginate un atardecer en Galilea.
Jesús está sentado, en silencio.
Un discípulo se anima y se acerca:
«Señor… enseñanos a rezar.»

Acercate vos también. Jesús te dice, despacio:

» No hablen mucho.
El Padre ya sabe lo que necesitan,
antes de que se lo pidan.»

«Padre nuestro, que estás en el cielo…
santificado sea tu nombre.»
«Danos hoy nuestro pan de cada día…
perdona nuestras ofensas,
como nosotros perdonamos…»

Pensá en alguien a quien te cuesta perdonar.
¿Podés soltar eso,
aunque sea un poco,
hoy?

Decile a Jesús lo que necesitás. De verdad.

» No hacen falta muchas palabras.
Solo el corazón, abierto.
El Padre te está esperando. Ahora.»

Ahora hablale como a un amigo.

— silencio —
Abrí los ojos.
Llevá esa luz con vos.
No se apaga.

¿Tenés más tiempo para quedarte?