Una meditación ignaciana para jóvenes
Escuchá la canciónReflexión y oración · Las meditaciones
Elegí el formato según el momento, sólo o en grupo.
"Vas a pasar los próximos minutos con Jesús.
No hace falta que digas nada todavía.
Solo respirá."
Imaginate un atardecer en Galilea.
El aire todavía está tibio.
Hay polvo en el camino, olor a tierra seca.
Estás acá. En este momento.
Y eso ya es suficiente.
Jesús está sentado, un poco alejado del grupo, en silencio.
Uno de los discípulos se anima y se acerca:
"Señor... enseñanos a rezar."
Acercate vos también.
No te quedes mirando de lejos.
Jesús empieza a hablar, despacio:
"Cuando recen, no hablen mucho...
el Padre ya sabe lo que necesitan,
antes de que se lo pidan."
¿Qué es lo que más necesitás hoy?
"Padre nuestro, que estás en el cielo...
santificado sea tu nombre,
venga tu Reino...
Danos hoy nuestro pan de cada día..."
"Perdona nuestras ofensas,
como nosotros perdonamos..."
Pensá en alguien.
Alguien que te lastimó, o alguien a quien lastimaste vos.
¿Podés, aunque sea hoy, empezar a soltar eso?
Hablale a Jesús, así, como le hablarías a un amigo de verdad.
Decile lo que te está pasando.
Decile lo que necesitás hoy, de verdad.
San Ignacio nos enseñaba a contemplar las escenas del Evangelio como si estuviéramos ahí. Entonces: cerrá los ojos un momento.
No se trata de decir muchas palabras.
Se trata de animarte a acercarte,
de confiar,
y de soltar lo que cargás.
El Padre te está esperando.
Hoy.
Ahora.
¿Qué sentirías vos en ese momento? ¿Miedo? ¿Asombro? ¿Tristeza? ¿Algo de los tres?
Los discípulos también sintieron todo eso. Y sin embargo, el Evangelio dice que volvieron a Jerusalén con alegría. Porque entendieron algo que nosotros también necesitamos entender:
¿Hay alguna situación en tu vida donde sentís que Dios se fue, que no aparece, que el silencio es demasiado largo? Nombrala en silencio. Sin apuro. Ahora ofrecésela. Como los discípulos que miraban hacia arriba.
Como hacía San Ignacio al final de cada oración: hablá con Jesús. Como un amigo habla con un amigo. No hace falta que sea perfecto. No hace falta que sea largo.
Y después: un minuto de silencio real. Sin apuro.
1. ¿Qué momento de hoy quiero ofrecerle a Dios?
2. ¿Qué quiero pedirle para mañana?
3. ¿Qué pequeña cosa concreta puedo hacer esta semana como respuesta a lo que sentí hoy?
No las respondas en voz alta. Guardalas adentro. Como esa luz que no se apaga.
¿Preferís algo más corto para hoy?
¿Te resonó esta meditación?
Cada semana subimos nuevos contenidos para nutrir tu fe. Suscribite y no te pierdas nada.
¿Tenés más tiempo para quedarte?
Esta versión corta está pensada para momentos en movimiento. En el bondi, entre clases, antes de dormir. Lo esencial, condensado.
Escuchá la canción primero. Dejá que entre. Después, seguí leyendo despacio.
Acomodate. Si querés, cerrá los ojos.
Vas a pasar este minuto con Jesús.
Acercate vos también. Jesús te dice, despacio:
"
No hablen mucho.
El Padre ya sabe lo que necesitan,
antes de que se lo pidan."
Pensá en alguien a quien te cuesta perdonar.
¿Podés soltar eso,
aunque sea un poco,
hoy?
Decile a Jesús lo que necesitás. De verdad.
Ahora hablale como a un amigo.
¿Tenés más tiempo para quedarte?